
En el suroeste de San Juan, en el departamento Sarmiento, se encuentra Los Berros, una localidad cuyo corazón late al ritmo de la cal.
Esta pequeña comunidad, por años uno de los polos caleros más importantes del país, se enfrenta hoy a una profunda transformación que amenaza con borrar la identidad que le ha dado sustento a cientos de familias.
La cal, más que una actividad económica, es parte de la esencia misma de Los Berros. Sin embargo, la industria atraviesa momentos de gran incertidumbre. En la actualidad, coexisten dos realidades opuestas: las grandes caleras, como Calera San Juan, Calidra y FGH, que operan con tecnología de última generación, y los pequeños caleros, que aún emplean hornos criollos y que luchan por mantenerse a flote frente a los nuevos desafíos del mercado.
Las dificultades para los caleros de Los Berros no son nuevas, pero se han acentuado en los últimos años. El impacto de la caída de la obra pública, uno de los principales destinos de la cal, junto con el aumento de los estándares de calidad, ha dejado a los pequeños productores en una situación de emergencia. A ello se suman las presiones de costos crecientes, la escasez de carbón residual y una creciente competencia de las grandes industrias.
Los efectos de la crisis no solo se sienten en la producción, sino también en la vida diaria de los habitantes de Los Berros. Se estima que cerca de un centenar de hornos están inactivos en la localidad, lo que ha dejado a al menos 500 personas sin trabajo directo en una comunidad cuyo motor económico es, esencialmente, la cal.
Uno de los reclamos más constantes de los pequeños caleros es el acceso al carbón residual, un insumo esencial para la producción de cal. Sin embargo, desde hace años, un esquema de reparto favorece a un grupo concentrado de productores que, en muchos casos, no tienen actividad industrial directa.
La falta de acceso al carbón subsidiado y la escasez del insumo elevan aún más los costos de producción para las pymes. Además, los pequeños caleros se sienten desamparados por el Gobierno local, que, a pesar de conocer la importancia de la industria calera en la comunidad, no ha tomado medidas concretas para apoyarlos.
La crisis de los caleros de Los Berros es una señal de alerta para el sector, que se encuentra en una encrucijada. Las grandes empresas dominan el mercado, pero los pequeños productores siguen siendo fundamentales para la economía local. Si no se toman medidas urgentes para apoyar a las pymes caleras, podría peligrar no solo la supervivencia de estas empresas, sino también la identidad y el futuro de Los Berros como un importante centro calero del país.