River Plate atraviesa un momento crítico en su gestión deportiva. Las derrotas iniciales del Torneo Clausura reabrieron el debate sobre la decisión de apartar 11 futbolistas del plantel profesional, una medida que buscaba optimizar la estructura del equipo pero que ahora enfrenta cuestionamientos sobre su efectividad.
Una decisión estratégica bajo escrutinio
Tras el primer semestre de la temporada, la dirigencia encabezada por Stéfano Di Carlo, con respaldo del entrenador Eduardo Coudet, decidió separar a 11 jugadores que comenzaron a entrenar en las instalaciones de Cantilo. Esta medida formó parte de un proceso más amplio que incluyó 15 salidas del club durante el mercado de pases.
Entre los futbolistas apartados figuran nombres de relevancia como Germán Pezzella, Fabricio Bustos, Matías Viña, Kendry Páez y Giuliano Galoppo. Varios de ellos participaron recientemente en competiciones internacionales, lo que intensifica el análisis sobre la decisión institucional.
El desequilibrio en mediocampo
Un aspecto que genera particular preocupación es la concentración de bajas en el mediocampo. River marginó a siete volantes mientras mantiene apenas seis alternativas naturales para esa zona del campo. Este desbalance evidenció sus limitaciones en los primeros encuentros del semestre, cuando el equipo mostró dificultades para sostener el juego.
Pese a las salidas de Paulo Díaz, Maximiliano Meza y Juan Fernando Quintero, que redujeron parcialmente la lista de desvinculaciones, el presente deportivo mantiene abierta la discusión sobre si la estructura actual ofrece las herramientas suficientes para competir con regularidad en el torneo.
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