La histórica acumulación de nieve en la Cordillera podría garantizar un importante aporte de agua durante el próximo ciclo, después de varios años de sequía. Sin embargo, especialistas advierten sobre posibles aludes, deslizamientos, crecidas y la necesidad de revisar la infraestructura hídrica. También remarcan que un año de abundancia no alcanza para revertir el déficit acumulado.
San Juan atraviesa uno de los inviernos más importantes de las últimas décadas en materia de acumulación de nieve en la Cordillera. La cantidad y frecuencia de las precipitaciones registradas durante julio, sumadas a las condiciones que se mantienen en agosto y a nuevos frentes previstos para los próximos días, permiten proyectar un escenario hídrico excepcional para la provincia.
El geocriólogo Silvio Pastore consideró que las condiciones actuales podrían convertir al próximo año hidrológico en uno de los mejores de las últimas décadas. El especialista destacó no solo el volumen de nieve acumulado, sino también su calidad y conservación, dos factores determinantes para el aporte de agua durante la temporada de deshielo.
La magnitud del fenómeno también quedó reflejada en la situación del paso internacional Cristo Redentor, que permaneció cerrado durante alrededor de un mes debido a las condiciones meteorológicas, un período que, según Pastore, no registra antecedentes similares desde la inauguración del corredor internacional.
Pero el escenario de abundancia también obliga a encender algunas luces de alerta. El incremento del volumen de nieve acumulada puede traducirse durante los próximos meses en mayores caudales y en una serie de fenómenos asociados al deshielo. Entre ellos aparecen el riesgo de avalanchas, movimientos de suelo, flujos repentinos y crecidas en sectores vulnerables de los ríos San Juan y Jáchal.
Por ese motivo, el especialista planteó la necesidad de que la provincia anticipe posibles contingencias y revise el estado de los sistemas de drenaje, distribución y conducción de agua para riego. La recomendación cobra especial importancia ante las estimaciones preliminares que hablan de un aporte cercano a los 3.000 hectómetros cúbicos, una cifra que todavía deberá ser corroborada mediante mediciones específicas al finalizar la temporada invernal.
La expectativa por la recuperación hídrica, sin embargo, no debería confundirse con el final de la crisis. Pastore remarcó que un año con abundante disponibilidad de agua no alcanza para revertir los efectos provocados por varios años de sequía. Los glaciares y los acuíferos, por ejemplo, arrastran un deterioro que no puede compensarse en una sola temporada.
El eventual excedente sí podría generar un alivio para el sistema productivo y contribuir a la recarga de algunos acuíferos, pero el especialista insiste en que la provincia debe aprovechar este período para reducir parte del déficit y no para abandonar las políticas de administración responsable del recurso.
La situación también vuelve a poner en discusión el modelo de gestión del agua en San Juan. La provincia puede pasar en períodos relativamente breves de escenarios de extrema escasez a otros caracterizados por una disponibilidad excepcional, una variabilidad que, según los modelos climáticos, podría profundizarse como consecuencia del cambio climático.
Frente a esa realidad, Pastore sostiene que la planificación no puede quedar atada a las condiciones de cada temporada. La producción agrícola, la industria y el resto de las actividades económicas necesitan previsibilidad, por lo que plantea avanzar hacia políticas de Estado con un horizonte de varias décadas.
Una de las alternativas propuestas consiste en establecer un volumen de entrega de agua relativamente constante para los productores, independientemente de las fluctuaciones anuales de nieve en la Cordillera. La idea apunta a utilizar los años de abundancia para amortiguar los períodos de sequía y permitir una planificación productiva más estable.
El especialista también considera necesario actualizar la concepción legal sobre el uso del agua. En los períodos de excedentes, sostiene, el recurso no debe ser pensado únicamente desde las necesidades agrícolas, sino también contemplar la preservación de los ecosistemas, la fauna, la flora, las lagunas de Guanacache y actividades como el turismo.
Así, la excepcional nevada de este invierno representa una oportunidad para San Juan, pero también un desafío. La provincia podría contar con un alivio significativo después de años de sequía, aunque el verdadero impacto dependerá de cómo se administre ese recurso y de las decisiones que se adopten para enfrentar un escenario climático cada vez más variable.