La industria textil argentina atraviesa un proceso de transformación que obliga a las empresas a revisar sus estructuras productivas y al Estado a discutir las condiciones en las que se desarrolla la actividad. Así lo planteó el empresario Rodolfo Massut, quien advirtió que el sector enfrenta dificultades para competir tanto en el mercado interno como frente a los productos importados.
Massut sostuvo que los cambios en los hábitos de consumo modificaron de manera profunda el funcionamiento del mercado. La expansión de las plataformas digitales permitió a los consumidores comparar precios y acceder a una oferta mucho más amplia, lo que dejó expuestas las dificultades de las empresas que no lograron acompañar ese proceso.
En ese escenario, uno de los principales obstáculos que identificó es el atraso tecnológico. Según señaló, una gran parte de la maquinaria utilizada por la industria tiene varias décadas de antigüedad, una situación que limita la productividad y dificulta alcanzar los niveles de eficiencia necesarios para competir.
El empresario también cuestionó algunas prácticas que, según su análisis, pudieron sostenerse durante períodos de elevada inflación. En lugar de destinar recursos a modernizar las plantas, mejorar procesos o buscar nuevos mercados, en determinados casos resultaba más conveniente acumular mercadería y trasladar los aumentos de costos a los precios.
Para Massut, el problema no puede resolverse únicamente con medidas de protección para la industria nacional. Consideró que las propias empresas deben avanzar en procesos de reconversión e inversión y puso como referencia la transformación productiva experimentada por San Juan, que incorporó nuevas actividades económicas a su matriz tradicional.
A las dificultades internas se agregan, según el empresario, las condiciones financieras y tributarias. Señaló que las tasas de crédito pueden alcanzar niveles cercanos al 120%, mientras que la presión impositiva incrementa los costos de producción y limita las posibilidades de realizar nuevas inversiones.
También planteó diferencias en el esquema arancelario que, a su entender, pueden perjudicar a quienes fabrican en el país, particularmente cuando existen mayores costos para ingresar insumos destinados a producir localmente que para importar determinados productos terminados.
Massut resumió el escenario planteando que la responsabilidad es compartida entre empresas y Estado. Desde su perspectiva, recuperar competitividad requerirá una combinación de modernización tecnológica, cambios en la gestión empresarial, acceso al financiamiento y políticas públicas que permitan producir en condiciones más equilibradas.
El desafío para la industria textil, de acuerdo con su análisis, no pasa solamente por atravesar la actual crisis, sino por adaptar su estructura a un mercado que cambió y en el que la tecnología, los costos y la capacidad de ofrecer precios competitivos tienen cada vez mayor peso.
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