Entre los perfiles que más apuestan al GNC aparecen, en primer lugar, los trabajadores de aplicaciones de transporte, que buscan reducir gastos operativos y mejorar la rentabilidad de su actividad diaria. También se observa un crecimiento en familias que deciden convertir uno de sus vehículos, generalmente el de mayor uso cotidiano, para abaratar traslados vinculados a la rutina diaria. Otro grupo que impulsa la demanda es el de taxistas y remiseros, quienes en muchos casos optan por instalar equipos incluso en vehículos recién adquiridos, priorizando el ahorro desde el inicio.
En cuanto a los costos, actualmente la instalación de un equipo ronda el millón y medio de pesos, dependiendo de la capacidad del cilindro. A pesar de la inversión inicial, muchos optan por financiar la compra ante la expectativa de recuperar el gasto en el corto plazo. El aumento en la demanda también impactó en los tiempos de espera, que hoy promedian más de una semana para conseguir turno, aunque la colocación del equipo se realiza en el día. Con este escenario, desde el sector no descartan que la tendencia continúe en alza, impulsada por la incertidumbre en los precios del combustible y la necesidad de los usuarios de encontrar alternativas más accesibles para movilizarse.