El río San Juan pasó de 25-30 a casi 40 metros cúbicos por segundo y podría alcanzar los 100 en los próximos 30 días. Hidráulica monitorea los cauces y refuerza las tareas de prevención ante posibles crecidas que podrían reactivar antiguas zonas de desagüe y lagunas.
El deshielo en la cordillera comenzó a incrementar el caudal de los ríos sanjuaninos y anticipa una temporada de mayor abundancia hídrica. El río San Juan ya registra un flujo cercano a los 40 metros cúbicos por segundo y las proyecciones oficiales indican que podría llegar al menos a 100 en los próximos 30 días, un escenario que obliga a reforzar el monitoreo y las medidas preventivas en distintos puntos de la provincia.
El director de Hidráulica, José María Ginestar, explicó que el caudal aumentó durante el último mes y que se espera que la tendencia continúe a lo largo de octubre. También señaló que el agua presenta una mayor carga de sedimentos como consecuencia del material que arrastra el deshielo.
El incremento tendrá efectos sobre el manejo de los embalses y la distribución del recurso. Según detalló el funcionario, el sistema comprende un recorrido por los diques El Tambolar, Caracoles, Punta Negra y Ullum, desde donde se administra la erogación hacia el río San Juan. En ese esquema, se prevé mantener descargas de alrededor de 20 metros cúbicos por segundo de manera continua, bajo un control que permita acompañar la evolución de los caudales.
La mayor disponibilidad de agua también podría reactivar sectores que durante años permanecieron secos. Entre las áreas bajo seguimiento se encuentran las Lagunas de Guanacache, las Lagunas del Rosario, los Esteros de Zonda y sectores próximos al puente de Caucete, donde el agua podría recuperar antiguos recorridos naturales.
Ante esa posibilidad, los organismos que integran el Comité Provincial de Emergencia (COPRE) realizan tareas de vigilancia y mitigación para acondicionar las zonas antes de que se produzcan crecidas más importantes. La prioridad está puesta en mejorar los drenajes y reforzar las defensas en sectores expuestos, especialmente donde existen antecedentes de desagües naturales o lagunas cercanas.
Ginestar advirtió que las intervenciones actuales no permiten resolver de manera inmediata problemas estructurales que se acumularon durante décadas. Por eso, el objetivo es reducir los riesgos y preparar los sectores vulnerables, aunque reconoció que no será posible impedir que el agua vuelva a ocupar sus cauces naturales cuando aumente la intensidad del deshielo.
La atención está concentrada especialmente en Calingasta, Ullum, Zonda, Albardón, Sarmiento y Valle Fértil. En esas zonas, la evolución de los caudales será determinante para anticipar posibles complicaciones y organizar las respuestas ante eventuales crecidas.
El avance del deshielo también exige extremar las precauciones en los ríos. El aumento de la corriente y la fuerza del agua pueden generar situaciones peligrosas para quienes ingresen a los cauces, por lo que el monitoreo y las restricciones preventivas serán claves durante las próximas semanas.