Después de años de estancamiento político y escasos avances concretos, el Paso Internacional Agua Negra volvió a ganar protagonismo en la relación entre San Juan y Chile. Esta vez, el motor no es el turismo ni el intercambio comercial tradicional, sino el fuerte desarrollo minero que atraviesa la provincia y la necesidad de encontrar una salida competitiva hacia los puertos del Pacífico.
El nuevo escenario quedó expuesto durante la Expo San Juan Minera 2026, donde autoridades chilenas confirmaron que el corredor volvió a convertirse en una prioridad estratégica. Desde la región de Coquimbo aseguran que ya trabajan para adaptar la infraestructura vial al futuro tránsito de camiones vinculados a la explotación de cobre y otros minerales.
El presidente de la Comisión de Diálogo Político de Coquimbo, Pedro Valencia, reconoció que el proyecto original del túnel fue diseñado en un contexto completamente distinto, cuando el impacto de la minería sanjuanina todavía no formaba parte de las proyecciones binacionales.
Hoy, el panorama cambió de manera drástica. El crecimiento de los emprendimientos cupríferos abrió una nueva discusión logística en la región y puso nuevamente sobre la mesa la necesidad de consolidar un corredor bioceánico capaz de conectar la producción minera con los puertos chilenos.
En ese marco, las autoridades trasandinas decidieron priorizar las obras de pavimentación pendientes sobre el paso internacional. Del lado chileno aún restan más de 40 kilómetros sin asfaltar, un tramo clave para permitir el tránsito de transporte pesado vinculado a la actividad minera.
La estrategia de Coquimbo no es casual. El objetivo es posicionarse como la principal puerta de salida del cobre sanjuanino hacia los mercados internacionales. De hecho, durante la feria minera ya se mantuvieron reuniones con empresas interesadas en utilizar puertos chilenos para exportar minerales extraídos en la cordillera sanjuanina.
Incluso comenzaron a aparecer proyectos más ambiciosos que incluyen mineraloductos y conexiones ferroviarias capaces de atravesar la cordillera y reducir significativamente los costos logísticos. La alternativa cobra fuerza frente al enorme volumen de transporte que implicaría trasladar la producción hacia el Atlántico.
Mientras tanto, el histórico Túnel de Agua Negra, que tuvo su momento de mayor impulso entre 2014 y 2016, sigue sin una hoja de ruta concreta. La iniciativa quedó congelada tras el cambio de gobierno en Chile y nunca logró recuperar el respaldo político y financiero que había alcanzado durante aquellos años.
Sin embargo, el auge minero parece haber cambiado nuevamente las prioridades. La demanda de infraestructura para sostener futuras exportaciones convirtió a Agua Negra en una pieza estratégica dentro del mapa productivo regional y volvió a instalar la discusión sobre una obra que durante años permaneció archivada.
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